Contempla la inefable caridad por la que quiso sufrir sobre el madero de la cruz y en él morir con la muerte más infame. Por ello es el mismo espejo que, desde lo alto del madero de la cruz, dirige a los caminantes su voz para que se dentengan a meditar: Oh vosotros, que pasáis por el camino, deteneos a ver si existe un dolor similar al mío". Respondámosle a Él, que llama y gime, a una sola voz y con un solo corazón: "Nunca me abandonará tu recuerdo y mi alma se consumirá dentro de mí"
San Francisco de Asís




























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