Hoy, a la entrada del tercer milenio, los Misioneros Claretianos gozan de una rica y serena auto comprensión de su identidad y misión en la Iglesia y en el mundo, expresada en nuevos documentos y proyectos que recogen la pluralidad de culturas y compromisos misioneros. En nuestros días, resulta difícil entender la actividad misionera de la Congregación sin una debida planificación en función de áreas y niveles y sin tener en cuenta las opciones y los sujetos preferenciales de las Iglesias, de la Congregación Claretiana y de los organismos. El P. Fundador demostró su interés porque la Congregación se extendiera. Deseó que saliera de Cataluña, que fuera a América Latina, que fuera a Estados Unidos... Se cumplieron sus pronósticos sobre América Latina, a la que llamaba “la viña joven”. Pero hoy la Congregación cuenta con otras viñas más jóvenes aún: Asia, África y el Este de Europa. La Congregación emergente se presenta con unas características verdaderamente nuevas: no viene de América sino de Asia y de África; no viene de la Europa occidental sino del Este europeo; no es de raza blanca sino de variedad de razas; no se expresa en castellano o portugués sino en inglés, francés... y otras múltiples lenguas desconocidas para nosotros; no proviene de contextos culturales marcados por el cristianismo sino de otras tradiciones culturales y religiosas; no dispone de medios económicos para autofinanciarse y tiene un notable índice de crecimiento sostenido con una media de edad muy baja.
La realidad pluricultural que nos rodea les compromete, en este tercer milenio, con nuevos retos en los que es obligada una gran dosis de armonía y lucidez. En América Latina se esfuerzan por renovar la opción por los pobres, el desafío de la pastoral urbana y suburbana, la lectura popular de la Biblia, el ministerio de la consolación frente al sufrimiento del pueblo. En Asia tratan de testimoniar la experiencia cristiana en un contexto de pluralismo religioso, promoviendo el interés por la Palabra de Dios, la formación para la inculturación, el diálogo interreligioso, la justicia y la paz y la presencia en las grandes bolsas de pobreza. En África procuran, por encima de todo, sensibilizar a través de la Palabra para llevar a cabo un servicio profético contra los abusos de gobernantes y de los poderes influyentes del extranjero, apoyando grupos religosos y sociales que abran caminos de esperanza y acompañando las situaciones inhumanas por medio de la promoción de niños y adultos.