La bienaventurada Virgen, con su inigualable virtud, sube a la presencia del Creador, intercediendo en nuestro favor con su poderosísima oración. Resplandecerá en todo su esplendor la que desde su seno virginal, puerta sellada, iluminó al mundo con Dios, Rey de la gloria.
San Amadeo de Lausana


































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